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¡Bienvenidos a Familysol!

Publicado por: LLuc Gil/ 73 0

Bienvenidos a Familysol nuestra casa y también la vuestra, un lugar para niñ@s curios@s y madres y padres aventureros, a los que, como a nosotros, les gusta divertirse y disfrutar del tiempo de ocio con sus hij@s. Un lugar también para empresas y destinos turísticos sensibilizados con la importancia de las familias, su valor como usuarios y prescriptores de servicios turísticos con un alto valor añadido.

En Familysol pensamos que el tiempo de ocio en familia ayuda a crear vínculos  y recuerdos duraderos que repercuten positivamente en el desarrollo físico, emocional  y moral de l@s niñ@s. Pasar tiempo con nuestros hij@s, especialmente si son momentos divertidos, contribuye a fortalecer nuestra relación y el ascendiente que tenemos sobre ell@s para, con el ejemplo, poder inculcarles valores positivos que les conviertan en mejores ciudadanos y contribuir así a crear una sociedad más honesta, más justa y más solidaria.

Disfrutar realizando actividades con nuestr@s hij@s nos permite volver a ver el mundo de nuevo con los ojos inocentes de los niñ@s y vivir experiencias únicas que se quedarán grabadas para siempre en nuestros corazones…¿Y qué lugar mejor que Andalucía? Una tierra plagada de lugares y rincones mágicos y muchas veces desconocidos , donde todo es posible: subir montañas, cruzar ríos, nadar con delfines, ver ballenas, deslizarte por la nieve, visitar divertidos museos y descubrir monumentos con historias extraordinarias, observar el universo, caminar por las calles del viejo oeste, dormir en sitios asombrosos o navegar con las velas al viento como un pirata… En definitiva, un lugar donde planear tu próxima aventura.

Todo esto pensando siempre en l@s niñ@s y en vosotros, sus papás y mamás, huéspedes de honor en nuestra casa, donde ofreceremos lo mejor de nosotros para que tengáis información útil y de calidad y el mejor consejo de la mano de expertos viajeros y amantes de las aventuras que además, también, como vosotros, somos padres y madres, para que vuestra familia sólo tenga que preocuparse de disfrutar.

 

 

¿POR QUÉ FAMILYSOL?

El nombre de Familysol surgió de la combinación de dos palabras que definían perfectamente tres ideas que queríamos trasladar sobre nuestra empresa. En primer lugar la palabra “family”, que nos sitúa como un producto o servicio destinado a las familias, en segundo lugar la palabra “sol”, asociada a buen tiempo, a periodos de ocio, vacaciones y también a Andalucía y, por último, un juego de palabras, aprovechando que Familysol onomatopéyicamente suena como “family is all” que significa “la familia lo es todo” en inglés y que pretende incidir en la importancia que tiene la familia como vehículo de transmisión de valores a través del estrechamiento de los vínculos entre padres e hijos que realizan actividades, disfrutan del ocio o viven diferentes experiencias juntos, dejando recuerdos difíciles de olvidar.

 

¿Y ANTES DE FAMILYSOL?

 Después de estudiar y trabajar durante más de 20 años en empresas nacionales y multinacionales de reconocido prestigio como la ONCE, el Centro de Biología Molecular, Aldeasa y PlayStation en Madrid, me traslado a vivir a Málaga, tierra de mi familia paterna y en la que he pasado todos los veranos, donde atraída por mi pasión por los viajes y ya con idea de emprender algún tipo de negocio, realizo un curso-master de Técnico en Información Turística en el Instituto Malagueño de Formación y Empleo (IMFE). Este curso me permitió conocer Málaga y sus alrededores así como sus enormes posibilidades de desarrollo como destino turístico.

Las circunstancias hicieron que no fuera hasta el año 2013, después de trabajar en otras empresas ya en Málaga, cuando comenzara mi andadura como colaboradora en una revista digital dirigida al público infantil y familiar, publicando contenidos relacionados con Andalucía y habiendo escrito más de 1000 artículos.

 Tras estos cuatro últimos años de trabajo y aprendizaje y con un largo historial a mis espaldas como trotamundos y amante de los viajes, con más 30 países visitados y más de 200.000 kilómetros recorridos, descubrí que los conocimientos adquiridos podían servirme para realizar mi sueño de emprender un proyecto empresarial haciendo algo que me apasiona.

 

 

Por este motivo Familysol es ya una realidad, un proyecto destinado a toda clase de familias que piensan que disfrutar de momentos de ocio con tus hijos es importante para su desarrollo físico y emocional, proporcionándoles vínculos, valores y herramientas sólidas e importantes para su futuro y que el mejor sitio para hacerlo es Andalucía. Un proyecto orientado a ayudar a las empresas y destinos turísticos andaluces, sobre todo más desconocidos para el público general, a darse a conocer y a aprovechar todo su potencial y sus propuestas de valor añadido. Un proyecto que pretende proporcionar información veraz, útil y de calidad a sus clientes, evitando los errores cometidos por el excesivo “ruido” que se genera la red con informaciones a veces insuficientes y otras del todo deficientes. Un proyecto que lo que pretende, en definitiva, es hacer más felices a las personas y que el tiempo de ocio con sus hijos en nuestra Comunidad Autónoma resulte una experiencia imborrable en sus  recuerdos y en sus corazones y que recuerden Andalucía como el mejor lugar donde pasar sus vacaciones.

 

 

¿Os apuntáis?

 

 

Ellos nunca lo harían… ¿O sí?

Publicado por: LLuc Gil/ 117 0

Al contrario que le pasa a algunas mujeres, a las que el instinto maternal se les despierta más tarde o que se plantean la maternidad cuando ven que el tiempo para poder tener hijos se les agota, yo siempre, desde pequeña, tuve claro que quería ser madre. Solía bromear con los sectores más conservadores de mi extensa familia confesando que “soltera, casada, viuda o monja, quería tener un hijo”. Pese a esa vehemencia propia de la juventud, mi buen juicio me decía que lo prudente era esperar a que las circunstancias en mi vida fuesen las apropiadas para poder garantizarle (o al menos intentarlo) un futuro relativamente confortable y seguro. Así que practicamos lo que entonces, algunos expertos, calificaban como “paternidad responsable” y mi primer hijo, Pablo, vino al mundo si bien no necesariamente “entre algodones”, sí a un hogar estable y deseoso de recibirlo.

Y aunque para entonces, yo ya había entrado de sobra en la treintena, la mayoría de nuestros amigos eran algo más jóvenes y sin planes, por el momento, para tener familia, con lo cual, en más de una ocasión, cuando no era posible “colocar” al crio con algún familiar, nos lo llevábamos de vacaciones con los amigos, sin que los pobres pudieran hacer nada por impedirlo.
Recuerdo especialmente una escapada a San Vicente de la Barquera, en Cantabria. Unos amigos, nos invitaron a su casa y allá que nos fuimos con el coche lleno hasta los topes de los miles de artilugios que los padres primerizos pensábamos que eran imprescindibles para un bebé de año y medio, ante el asombro de las otras dos parejas, que viajaban ligeros de equipaje sólo con sus maletas, pensando lo que se les vendría encima en un futuro no tan lejano.

Al final, la experiencia resultó bastante positiva y Pablo, acostumbrado a sus rutinas, nos dejaba comer tranquilos durmiendo la siesta plácidamente en su carrito. Por las noches, después de su biberón, se quedaba dormido mientras paseábamos hacia algún restaurante bien calentito enfundado en su sobre pijama, pues fue en el puente de Noviembre y aunque hacía muy buen tiempo, ya empezaba a refrescar por la noche. Algunas veces, recuerdo que poníamos música de U2 y de Estopa, que eran algunos de los grupos que nos gustaban en aquélla época y Pablo, que después se tornaría menos bailongo, obsequiaba a su audiencia con unos cuantos pasos de baile, eso sí agarrado a la mesa, para no perder su precario equilibrio o correteaba por ahí persiguiendo palomas, mientras nosotros tratábamos de no perder detalle de lo que nos rodeaba pero con el radar activado y el objetivo siempre a la vista.

Desde entonces, procurábamos llevarlo con nosotros siempre que nos íbamos, a no ser que fuera una fecha especial, como un aniversario, o alguna boda anti-niños (que las hay, incluso especificado en la invitación), etc. Con el nacimiento de nuestra segunda hija, Claudia, aún se hizo más complicado poder dejar a los peques a terceras personas (no es lo mismo dejar a uno que a dos), pero para entonces, ya le habíamos cogido el gustillo a planear viajes y escapadas donde los niños pudieran venir con nosotros y disfrutar todos juntos, en familia.

Porque a los niños con quien les gusta estar realmente es con sus padres, ¿o no os acordáis de aquel formidable anuncio de IKEA?, pero el trabajo y la obligaciones diarias nos impiden, en muchas ocasiones, dedicarles a nuestros hijos el tiempo que nos gustaría. Por eso, las vacaciones y el tiempo de ocio son un buen momento para compensarles por muchas ausencias forzosas, aprovechando para alejarnos por unos días de las preocupaciones, de tanta tecnología, volver al diálogo, a escucharles, a jugar y reír con ellos, a hacer actividades juntos, a dar largos paseos para observar y explicarles el mundo que nos rodea, sin prisas, saboreando esos momentos que son únicos y que se esfuman mucho más rápido de lo que pensamos.

Una amiga me contó una vez que conoció a una pareja en Tarifa (uno de los lugares con más encanto de Andalucía) que pasaba todas sus vacaciones viajando por el mundo mientras sus hijos se quedaban en Madrid con sus cuidadores. Me dieron mucha pena esos niños y aunque quizás yo estaba equivocada y estaban tan felices (con esos padres quizás lo pasaban mejor con la baby-sitter), no podía dejar de pensar en aquel anuncio sobre el abandono de mascotas y aunque las comparaciones son odiosas, me venía a la mente algo así:

 

En realidad, eso no podemos asegurarlo. Lo normal, es que a medida que se vayan haciendo mayores,  prefieran viajar y vivir nuevas experiencias con sus amigos y/o parejas pero como vulgarmente se dice “eres lo que mamas” y de adultos, lo más probable es que hagan lo que han visto hacer a sus progenitores.

Por eso conozco a algunas familias que cada año realizan un viaje todos juntos, padres, hermanos, abuelos  e incluso tíos y primos. Esas experiencias, aunque muchas veces no estén exentas de complicaciones, son muy enriquecedoras para todos los participantes de lo que no deja de ser toda una aventura, aunque no nos vayamos muy  lejos…

Y vosotros ¿qué pensáis?